El jovencísimo jugador del Barcelona Bojan Krkic, de 17 años, renunció a la convocatoria de la selección española para el torneo europeo de naciones. Dijo que está agotado y necesita reponerse. También, que desde hace dos años no para de jugar en su club y en las selecciones menores de España, incluidos un mundial y dos torneos europeos de su categoría. Lo primero que a uno se le ocurre es pensar: ¿Cómo es posible que un chico de apenas 17 años confiese agotamiento mental y físico por la sucesión de partidos? Para evitar suspicacias --cosa que no pudo de todos modos-- dijo que siempre estará a disposición de su seleccionado cuando lo necesiten.
Llama la atención de qué manera tan rápida y fulminante el sistema comercial del fútbol devora a sus mejores exponentes. Bojan es una de las promesas de más talento del fútbol español. No complica lo sencillo por lucimiento personal, como ocurre con otras estrellas del firmamento mundial --Cristiano Ronaldo, por ejemplo--, entiende el juego y es goleador. El criterio comercial que se impone en casi todas las actividades de nuestra sociedad --y también en el fútbol-- hace que nunca se repare en los daños colaterales, y en este caso en un jugador al que no le respetan el tiempo de maduración.
En una reciente conversación que tuve con Johan Cruyff para el diario "Marca", surgió el nombre de Gago, que apenas con 20 años llegó al Madrid y a los cuatro entrenamientos lo hicieron debutar, en la temporada anterior, para disimular los malos resultados y el mal juego de entonces, con la mentira de un "proyecto joven de futuro" que jamás existió.
Por suerte, los padres de Bojan y el mismo jugador se defendieron de la trituradora que es el entorno del fútbol, y se concedieron unas imprescindibles vacaciones para un chico abrumado con tensiones y obligaciones impropias de su edad.
No se trata de renegar del negocio del fútbol, sino de impedir que sea ese criterio el que se imponga. El dinero debe acompañar al deporte, si es profesional, pero los valores y decisiones deben ser deportivos en primer lugar. De ese modo, inclusive estaríamos defendiendo el negocio, mejorando el nivel del juego. Con este gesto de Bojan, ¿entenderán de qué se trata? Me permito sospechar que no.
Ángel Cappa para El Comercio (Perú) - 19 de mayo de 2008
Llama la atención de qué manera tan rápida y fulminante el sistema comercial del fútbol devora a sus mejores exponentes. Bojan es una de las promesas de más talento del fútbol español. No complica lo sencillo por lucimiento personal, como ocurre con otras estrellas del firmamento mundial --Cristiano Ronaldo, por ejemplo--, entiende el juego y es goleador. El criterio comercial que se impone en casi todas las actividades de nuestra sociedad --y también en el fútbol-- hace que nunca se repare en los daños colaterales, y en este caso en un jugador al que no le respetan el tiempo de maduración.
En una reciente conversación que tuve con Johan Cruyff para el diario "Marca", surgió el nombre de Gago, que apenas con 20 años llegó al Madrid y a los cuatro entrenamientos lo hicieron debutar, en la temporada anterior, para disimular los malos resultados y el mal juego de entonces, con la mentira de un "proyecto joven de futuro" que jamás existió.
Por suerte, los padres de Bojan y el mismo jugador se defendieron de la trituradora que es el entorno del fútbol, y se concedieron unas imprescindibles vacaciones para un chico abrumado con tensiones y obligaciones impropias de su edad.
No se trata de renegar del negocio del fútbol, sino de impedir que sea ese criterio el que se imponga. El dinero debe acompañar al deporte, si es profesional, pero los valores y decisiones deben ser deportivos en primer lugar. De ese modo, inclusive estaríamos defendiendo el negocio, mejorando el nivel del juego. Con este gesto de Bojan, ¿entenderán de qué se trata? Me permito sospechar que no.
Ángel Cappa para El Comercio (Perú) - 19 de mayo de 2008