Sunday, July 5, 2009

Vélez 1 - Huracán 0

Una verdadera final. En el Amalfitani se vivió una fiesta del fútbol. Y más allá de que Maxi Moralez clavó el 1-0 final para decretar la victoria de Vélez sobre Huracán, y que consagró campeón del Clausura al equipo de Ricardo Gareca, el verdadero campeón fue el público, el fanático del fútbol, el amante de la pelota. Todos los hinchas son campeones gracias a Vélez y a Huracán. El azar decidió que los dos mejores equipos del campeonato se enfrentaran en la última fecha para definir el título, y si bien las estadísticas dirán para siempre que El Fortín se llevó los laureles, el verdadero triunfador es el espectador que disfrutó de una definición apasionante.

La final tuvo todos los condimentos. En el primer tiempo pasó de todo. A los 9, Eduardo Domínguez, un ex Vélez, cabeceó a la red. Pero Gabriel Brazenas, protagonista directo del partido, decidió anular el gol por posición adelantada. Primer error clave del árbitro del partido. Sin embargo, aunque la chapa mostraba el 0-0, en el inicio Huracán era mejor. Por manejo de la pelota, por control y por convicción.

Sin embargo, el local, de a poco, emparejó el juego. No pudo demostrar demasiado, es que a los 19 fue el clima el que apareció en el Amalfitani, el escenario de este drama. El cielo se puso negro y el juez Brazenas tuvo que suspender momentáneamente el partido por la caída de ¡granizo! Piedras, cubitos de hielo, como los que alguna vez los hinchas de Boca le tiraron a Alfio Basile, "para el whisky". Pero esta vez fue obra de la naturaleza.

El parate le vino mejor a Vélez. Después de casi media hora de espera, el cielo le dio un respiro al partido. Se reanudó el juego y a los tres minutos Martínez ingresó en el área y Arano le cometió un penalazo. Esta vez acertó Brazenas, pero el que falló fue Hernán Rodrigo López. El remate desde los doce pasos del uruguayo fue adivinado por el arquero Monzón. El uno del Globo se arrojó sobre su derecha y desvió el disparo al tiro de esquina. De ese córner, encima, López metió un cabezazo con destino de red, pero Arano despejó en la línea.

Sobre el final, Huracán pudo abrir el marcador. Otra vez Domínguez metió un cabezazo en el área, pero el travesaño le ahogó el grito. Y Montoya se quedó con el gol en el rebote que conectó Defederico. El zurdito, después, en una gran jugada individual, volvió a equivocar el destino y su toque se fue apenas afuera.

En el complemento, Vélez salió más decidido que Huracán. El local presionaba arriba y recuperaba rápido la pelota, mientras que el Globo, que con el empate era campeón, se refugiaba cada vez más contra el arco de Monzón.

Entonces Vélez tenía la pelota, aunque sin ideas para vulnerar a la buena defensa de Huracán. Y los de Cappa apostaban a un contragolpe en los pies de Pastore o de Defederico. Gareca no aguantó más y mandó a la cancha a Larrivey por Gastón Díaz primero y a Velázquez por Martínez después.

Con más ganas que fútbol, Vélez asediaba a un Huracán que esperaba por un final feliz. Sin embargo llegó la jugada más polémica del partido, cuando quedaban siete minutos para el final. Pelotazo, López la peina, Larrivey se arroja con los pies para adelante ante la salida de Monzón en el área. El delantero pareció cometerle una falta alevosa al arquero que no pudo contener el balón y quedó adolorido en el piso. La pelota le quedó servida a Maxi Moralez que definió cruzado y selló el 1-0. En el festejo alocado, el Enano se sacó la camiseta, recibió el abrazo caluroso de sus compañeros y se fue expulsado, ya que estaba amonestado. Mientras tanto, Angel Cappa, furioso, se insultaba con algunos dirigentes locales y con el árbitro Brazenas. En el final, Vélez supo aguantar la ventaja y se coronó campeón del Clausura. Jugaron dos campeones, pero sólo puede haber un ganador.

Fuente: Diario Clarín

Cappa: "El futuro del fútbol está en el pasado"

Ángel Cappa (Bahía Blanca, 1946) es el entrenador de Huracán, el viejo club porteño del barrio de Parque Patricios. Dicen que lleva meses sin cobrar, cosa habitual en el fútbol argentino. También dicen que le da igual. Que está viviendo una de las épocas más felices de su vida. Los jugadores de Huracán son conocidos como Los Ángeles de Cappa por la vocación docente del técnico, que promocionó a ocho canteranos. Su mayor virtud ha sido despertar la conciencia adormecida del fútbol argentino, anquilosado desde hace años por la corrupción y el oportunismo, más pendiente del negocio que de la pelota.

- ¿Por qué funciona un equipo modesto, como Huracán, en un ámbito tan complicado como el fútbol argentino?
- En primer lugar, en el fútbol actual, y también en Argentina, lo primero que le arrebatan al jugador es el placer de jugar. Le quitan el coraje. Entonces no se juega. Se cumple una función que termina siendo penosa, para tratar de ganar puntos. El jugador intenta hacer todo seguro. Y el fútbol entraña un riesgo. Hay que entrenarse para correr ese riesgo y asumir el riesgo de jugar. Lo primero que puse como norma es que se animen a jugar. Hay que disfrutar del juego, eso permite al jugador a rendir más.

- ¿Cómo se traduce eso en el campo?
- En que asumo el error como parte natural del juego. Nos ocurrió en un partido: un jugador le dio un pase a un contrario y de eso vino un gol. En el vestuario le dije: "No pasa nada. En el segundo tiempo tienes que ser el mejor de la cancha". Entonces el tipo juega, y como se anima... Después vienen los conceptos estrictamente futbolísticos, que son la participación de todos los jugadores durante todo el tiempo. Los jugadores están acostumbrados a participar colectivamente sólo en el esfuerzo para recuperar la pelota. En Huracán están acostumbrados a participar cuando la tenemos: el lateral derecho, el izquierdo, el central... Todo el mundo participa en la elaboración.

- ¿Cuál fue la reacción de los jugadores ante este discurso?
- El modo de entrenar en la pretemporada les llamó la atención porque yo entreno con acciones del juego, con la pelota, y no hago lo que está de moda en Argentina, que es trabajar lo físico con pesas, con chalecos lastrados, con trineos y ese quilombo. Lo que hacíamos es ir a la cancha y jugar a un toque, dos toques, hora, hora y media, en campo reducido y campo grande. De vez en cuando hacíamos físico, pero no era la esencia del trabajo. Me costó que los jugadores entendieran que de esa manera iban a estar bien físicamente. Incluso mejor.

- ¿Por qué hay tanto miedo al fracaso en Argentina?
- No sólo en Argentina. Salvo el Barcelona y el Arsenal, los demás hacen lo mismo. No hay más que ver lo que hizo el Manchester en la final de la Liga de Campeones: puso a Rooney a marcar a no sé quién. Así el jugador pierde la seguridad en el juego. Los entrenadores en Argentina tienen miedo a que los echen al tercer o cuarto partido. No quieren arriesgar. Dicen: "Dale para adelante, saca para arriba y allá ponemos un tipo solo a ver si agarramos un rebote y de ese rebote a ver si hacemos un gol". De todos modos hay que ser sincero: Lanús empezó con esta corriente hace cuatro años, y se le han unido Vélez y Godoy Cruz. Hay varios equipos que han intentado jugar bien.

- ¿Por qué es un fenómeno de los clubes pequeños?
- Porque Boca, River e Independiente tienen una crisis futbolística e institucional tremenda.

- ¿Cuál es su modelo?
- El Arsenal de Wenger. Me fui a Londres a ver cómo juegan y estuve hablando mucho con Fábregas. A mí me encanta que cuando un jugador tiene la pelota siempre tenga dos o tres opciones de pase siempre, en cualquier lugar de la cancha.

- ¿Cómo se trabaja la posesión?
- Si tiene la pelota el lateral derecho yo tengo que buscar un espacio para que el ocho, el nueve y el cinco estén en situación de recibir. Esto se logra con un concepto viejísimo del fútbol que ha sido archivado hace muchos años: el que tiene la pelota no corre. Corre el que no tiene la pelota. Entonces, entrenando a uno o dos toques obligo al jugador a ir descubriendo los espacios que hay que ocupar para recibir. Casi nunca un jugador tiene que estar solo porque si está solo conduce, y si conduce se arma el quilombo: choca, desaparecen los espacios...

- ¿Estos movimientos no desacomodan a los jugadores en caso de perder el balón?
- No, porque hay otro concepto viejísimo del fútbol... ¡Tuve que agarrar un plumero para desempolvar todo esto y quitarle la tierra a estos conceptos! Un equipo que quiere jugar al fútbol tiene que desordenarse para atacar. Esto es lo que hacen Iniesta, Xavi y Cesc. Ocupan los espacios con suma inteligencia y no van nunca por el mismo lado.

- ¿Huracán ha vuelto a las esencias?
- Siempre he dicho que el futuro del fútbol está en el pasado. Lo dicen los jugadores de otras épocas cuando nos ven jugar: "¡Juegan como nosotros!".

- ¿Qué le dicen los hinchas?
- Un viejito que trabaja en el Patio Bullrich [el centro comercial más lujoso de Buenos Aires] abriendo la puerta a los taxis, que no tiene ni un diente, me vio por la calle y me dijo: "¡Angelito, qué grande! ¡Ni un centro tiramos!".

- ¿No envidia a los entrenadores como Capello, que tienen fama de trabajadores y sólo trabajan para colocar a sus equipos para defender bien sin la pelota?
- El verdadero trabajo es lograr lo que logró el Arsenal: un trabajo permanente y constante. ¿Pero qué es el trabajo? ¿Levantar pesas, correr y saltar vallas? El trabajo es conseguir que todos participen en la elaboración y en la defensa. Todos defienden y todos tienen que llegar al gol. En Huracán todos los jugadores, menos uno, han marcado goles.

- ¿Cómo es Bolatti?
- Es el mejor volante central de Argentina. Tiene personalidad, recuperación, transita los caminos del puesto con una autoridad como si estuviera caminando por su casa...

- ¿Y por qué se ha extendido la creencia de que se necesitan dos pivotes?
- Hay muy poco conocimiento del juego y mucho miedo. No se trata de que el cinco esté solo. ¡El cinco nunca estuvo solo! El Arsenal también juega con un solo cinco y Fábregas por delante, que aparece de ocho, de siete, de nueve, de cuatro...

- ¿Por qué tienen tanto poder los representantes en Argentina?
- Porque los clubes no tienen ni una moneda y viene un agente y dice: "Por el chaval te doy 100.000 dólares y me das el 70% de sus derechos". Y el club se lo da porque ese 70% es el que le permite pagar los sueldos. Y cuando el pibe llega a Primera y le da la pelota a un compañero entonces el agente lo vende a cualquier lado, cobra una comisión de un millón de dólares y se mete al bolsillo 900.000. Es así por la miseria que hay en el fútbol argentino y porque el dinero de la televisión está injustamente repartido. En Argentina los clubes cobran el 5% de los ingresos de las televisiones. En España, el 25%.

Fuente: Diario El País (España)

Friday, July 3, 2009

Lo que fue Huracán

No siempre se juega como se vive. No siempre se vive como se juega. Pero, cuando ocurre, el fútbol es más bello. Huracán jugó como vivió. Allí estuvo la piedra basal de la hermosura de su arte. El placer de verlo en la cancha se complementó con la confirmación de que afuera era lo mismo, como el poeta que escribe lo que piensa sin falsearse en sus rimas y versos.

Huracán devolvió la esperanza, transmitió una corriente de emoción que hacía mucho no recorría estas tierras. Pero no fue sólo eso. Huracán también fue el que visitó la ESMA, y el que llevó juguetes al Garrahan, y el que entrenó siempre con pelota en los pies porque al fútbol se juega y no se corre.

Son formas de vida: están los que eligen la vorágine y están los que saborean la pausa. Huracán nunca corrió, nunca dejó de pensar. En el Palacio Ducó la fantasía voló entre toque, caños, gambetas, que se disfrutaron como se disfruta un silencio, un beso, una palabra.

Huracán ni siquiera hizo cuentas en un fútbol donde –tan mercantilista– lo único que pareciera importar son las cuentas. Hizo trizas el discurso único, puso el contenido por encima del resultado, y nos regaló en frascos de noventa minutos un bálsamo entre la miseria.

Huracán fue el equipo de Ángel Cappa que un día apareció en Zavaleta para hablarles a los pibes del barrio. “Uno solo –les dijo– nunca puede ser más que con los demás”. En un mundo inmerso en el individualismo, los llamó a la construcción colectiva. Eso también fue Huracán.

Cappa se animó al poder de la televisión. Enfrentó a los que se apropiaron de la riqueza que nace, como él dijo, en los barrios más pobres: el fútbol. Lo pagó con una canallada. Nunca antes le habían leído los labios a un técnico. Pero Huracán ganó, y entonces ellos debieron rendirse ante él.

Huracán fue todo eso. Vivió como jugó. Jugó como vivió. Y esta columna está escrita en pasado porque ya no importa qué es lo que ocurra el domingo. Ningún resultado podría borrar una sola letra de lo que aquí se dice. Y eso también fue Huracán.

Por Alejandro Wall, para el diario Crítica - www.criticadigital.com.ar

Thursday, July 2, 2009

Cappa: "Este Huracán es mi mayor logro como técnico"

- Te acordás de las palabras de un hincha que mostró la televisión después de la derrota con Arsenal en el Apertura? Agarrado al alambre, te decía: "Boludo, despertate que nos vamos a la B".
- ¿Saben que me pidió perdón? Hace poco, salía del estadio y un señor me abraza y llorando me dice "yo fui el que te dije...".

- ¿Esperabas que Huracán diera esta pirueta de rendimiento y estuviera en una situación así?
- Mentiría si dijera que sí. Pero esperaba que el equipo jugara bien. Eso sí.

- Hay un dato que avala esa confianza. Cuando firmaste el contrato, le pediste a Babington premio por salir campeón.
- Es cierto, pero lo hice casi por pudor. Yo nunca pediría un premio por la permanencia. Me da vergüenza. Ya había hecho lo mismo con Universitario de Perú. Y como los dirigentes pensaban que era una locura, pusieron un premio exorbitante. Claro, después nunca me lo pagaron.

- La conclusión general es que Huracán juega bien. ¿Qué es jugar bien?
- Todo el mundo sabe qué es jugar bien. Lo que pasa es que hace algunos años se instaló un discurso que puso en duda esos preceptos. Como había pasado en el 58, cuando empezaron a decir que la nuestra no servía. Y hace unos años pasó lo mismo: decían que jugar bien es defender y no sé cuántas cosas más. Pero si un amigo te pide que lo lleves a ver a un equipo que juegue bien, lo vas a llevar a ver a Lanús, a Vélez y a Huracán. Estudiantes también juega bien.

- ¿Podés resumir en dos conceptos esta idea?
- El primero es obvio: el tratamiento de la pelota. Se parte del cuidado del pase, porque el pase es lo más importante del fútbol. Y a partir de ahí, la elaboración. Pero para qué: para llegar a posiciones de gol. Para eso se elabora, no para hacerse el lindo, para que la gente diga "mirá qué lindo que juegan". Se elabora para encontrar un espacio y cuando se encuentra un espacio se genera una situación. Cuántos toques, me preguntaban, hay que dar. Los menos posibles. Dos no se puede porque lo rivales no son tontos. Bueno, entonces, hay que dar los pases que sean necesarios. Pero ni uno menos.

- ¿Y para recuperar?
- Se necesita que participe todo el equipo. Cuando se ataca, hay que achicar con la defensa. Eso lo implantó Rinus Michels. Permite que si pierdo la pelota, el retorno sea corto. Si la defensa se queda atrás, el regreso es muy costoso. Hacer un equipo corto es necesario para jugar bien: para atacar y para defender.

- ¿Se entrena este modo de jugar?
- Se entrena y mucho. El toque se entrena. Así como hablamos de Michels, ahora tenemos que hablar de Menotti. Para mí los dos entrenadores que revolucionaron el fútbol. Michels impuso el achique y Menotti impuso los conceptos. Y trabajamos a partir de los conceptos. Por ejemplo, cómo hago para que un jugador tenga dos opciones de pase, por lo menos. Yo no se lo puedo anticipar ni puedo andar con un megáfono para decirle al jugador en qué momento tiene que largarla. Entonces lo que hago es generarle un hábito al jugador. Si yo entreno a un toque o a lo sumo a dos, el jugador se acostumbra porque no puede trasladar. Y si no puede, eso obliga a los compañeros a ofrecerse. Detrás de este modo de jugar, hay mucho entrenamiento.

- ¿Encontraste en este plantel una receptividad diferente?
- En este grupo todo fue muy rápido. Todo duró una pretemporada. Por eso, cuando llegué, el objetivo era jugar, pero también ver qué jugadores había, ver si se podía. Y se podía: había muchos. No sólo Pastore o Defederico.

- Y llegó Bolatti...
- Sí, lo mandó un hada. Mario es clave, pero también es cierto que encontró un equipo que lo favorece.

- Esa generosidad que Huracán tiene en la gestación, ¿se agota en los últimos metros?
- No creo. Hay zonas donde uno tiene que ser correcto. Y hay otras donde no alcanza con ser correcto. Ahí tiene que aparecer la inspiración. Pero para todo que la inspiración aparezca también hace falta tiempo.

- Este equipo alcanzó rápido la madurez.
- Es cierto. Es el que más rápido la alcanzó de los equipos que dirigí.

- Con Raúl te pasó algo parecido a lo de Pastore. Lo pusiste muy joven..
- Tenía 17 años y un carácter que no dejaba dudas.

- Más allá de los conceptos, pareciera que se dio una química especial entre vos y el plantel.
- No creo en la autoridad. La única autoridad que respeto es la del conocimiento. Y eso lo aprendí en el barrio. El más respetado no era el más fuerte sino el que mejor jugaba. Pero más allá de la autoridad, está el respeto y el afecto.

- ¿Alguna vez intentaste que tus equipos jugaran de otra manera?
- No, eso no lo resigno. Y si mañana me toca entrenar a tipos que no saben patear una pelota, perderé 7-0.

- ¿Este equipo es tu mayor logro como técnico?
- Sin dudas, este Huracán es mi mayor logro como técnico por lo que generó. No solamente en la hinchada de Huracán sino en el fútbol argentino. Es un equipo que sigue la identidad del fútbol argentino.

- ¿Ganaste una batalla?
- Puede ser... Pero me siento reconfortado no por mí sino porque represento a una idea. También se puede ganar de esta forma. Y cuando se gana de esta forma, se gana dos veces.

- Pero también debe ser un triunfo personal...
- Sí, desde luego. Pero yo ya estoy curado. Me ha ido bien y me ha ido mal en muchos lados. Pero a mí no me altera. Esta fue siempre mi verdad. Cuando te va mal, te vas. Pero lo intentás la próxima.

- ¿Hay otros mitos que te molestan?
- Las pelotas paradas es otra de las historias que hay que derribar. Huracán tiene diez goles de pelota parada. De córner y tiro libre. Y la gente piensa que somos románticos y que no trabajamos la pelota parada. Yo para trabajar la pelota en serio tendría que tener a los jugadores de Vélez. Si no, de qué me sirve. Pero claro que practico. Tiro cinco de acá, tres de allá para tener las distancias, referencias. Y punto. A veces sale y a veces no. No se trata de tirar cinco horas seguidas un tiro libre porque no sirve.

- ¿Creés que a partir de esta campaña hay un cambio en tu imagen?
- No sé. No me interesa. Cuando uno tiene éxito, todo sale bien. Yo ahora salgo en el diario diciendo que el 4 tiene que jugar con los botines al revés y me aplauden.

- Pero ahora te van a llegar ofertas que hace unos años no tenías.
- Nunca planifiqué el futuro. La vida es lo que va saliendo. Además, estoy muy bien acá. Cuando estás en la mala no te llama nadie. Una vez me lo dijo Alterio: "Levanto el teléfono y, la puta madre, anda bien".

- ¿Sentís reconocimiento del fútbol argentino?
- Lo siento. Y valoro mucho ese reconocimiento.

- ¿Cómo se maneja la cabeza de un jugador antes de una final? Sobre todo de pibes que no saben qué será de su futuro un día después...
- En un partido de esta naturaleza no se mensura ese tipo de cuestiones. No hay algo más lindo para el jugador que salir campeón, que jugar una final, porque esto es una final. Y no hay cosa más linda. El jugador piensa en esto, nada más. El domingo a la noche tal vez piense en otra cosa. Pero antes, seguro que no.

- ¿Cómo manejás la ansiedad?
- Como se puede. Diciéndoles la verdad. Y la verdad es que Huracán no depende de este partido. Este es el partido número 19, que en los anteriores 18 disfrutamos. Y eso vale. Eso ya está dentro nuestro, de cada uno, de la hinchada. Falta un partido. Y ese partido no puede borrar nada. Como no se lo puede borrar a Vélez ni a Lanús. Es un partido más. Que uno sueña con jugar.

- ¿Qué le pasa a Huracán si presionan a Bolatti?
- ¿Con un jugador? Tiene recursos. Pero si lo enciman dos, queda uno libre. El otro día decían que a Bolatti lo iban a tomar de adelante y de atrás. Y yo les dije a mis jugadores: "Hagamos cuentas. Si juegan con 14, estamos listos; pero si son 11, es otra cosa".

- ¿Cuál es el tu principal acierto de este ciclo?
- Respetar la idiosincrasia del club, el respeto a su significado en el fútbol argentino. Huracán es refugio de fútbol, de bohemia, del barrio, del tango. Y yo lo respeté. Si hubiéramos sido cuartos, la gente también estaría agradecida.

Fuente: Diario Olé - 3 de julio de 2009